Todos esos locos empeñados en descategorizarse calificando y clasificando la mente humana dentro de unos límites a conveniencia.
Los, por ejemplo, llamados psicólogos/psiquiatras cuya real función es la de darle un camino de rentabilidad, mayoritariamente económica, a los pasos dubitativos del humano sobre los fanganosos recovecos de nuestra mente.
Para comenzar, creo estar seguro (aquí el conocimiento sobre lo desconocido, como generalmente) de que todos estamos locos. Cada uno con su forma, con su método, con su conocimiento o inconsciencia, pero lo estamos. Y es que en este sistema y en la sociedad, donde nos hemos establecido unos parámetros prohibidos de superar, estamos prácticamente destinados desde el nacimiento a la más loca enajenación, sea como sea y sea por quien sea.
Yo admito ser creativo en mi vesania, puede que mañana esté menos loco o mi demencia se embargue a otro lar de mi mente aún por conocer, todo es fásico.
Al final esos principios vesánicos terminan por derivar. La mente, como el ser humano, transita por innumerables e incalificables parajes de desquicios, creándonos a nosotros mismos al tiempo que no creamos nada más, pues ya vienen preestablecidos unos patrones par definir lo que realmente sólo conoce uno mismo, pues la locura no es magnitud.
La locura es también querer dar una medida a lo intangible. Algo que los humanos, buscando la razón, hemos hecho desde tiempos pasados. Una razón que no tiene cabida en la mente y sus exponenciales pasos por cada uno.
Con razones buscamos comprender la locura. Pero cada uno tiene sus formas, no hay una razón común en su integridad, pues no hay dos mentes iguales.
miércoles, 20 de abril de 2016
miércoles, 6 de abril de 2016
Mi existencia, mis éxitos.
¿Quién de los dos se está alejando? ¿quién es el que permanece lejos del otro?
Ahí fuera la estupidez camina altiva por doquier y no sé si merece la pena salir del lugar donde cuando triunfo es de verdad. Porque el éxito, como propio, es nuestro antes que del resto.
Ahí fuera la estupidez camina altiva por doquier y no sé si merece la pena salir del lugar donde cuando triunfo es de verdad. Porque el éxito, como propio, es nuestro antes que del resto.
Consecuencias de cuando fuimos causas.
Ni estadísticas valen, ni azar.
Ni tampoco vaticinios al lidiar.
Pues si hiciéselo yo hace ya,
no hice de mi más que fallar.
Ni tampoco vaticinios al lidiar.
Pues si hiciéselo yo hace ya,
no hice de mi más que fallar.
Decir que sí al contraste y nunca preguntar. Es lo mismo que nunca contrastar.
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