Para juzgar, si se quiere perder/aportar tiempo propio, hay que pensar y conocer, o viceversa.
El otro día comentaba una situación actual de forma negativa (pues no podía ser de otra forma si no evado la realidad), la verdad es que no recuerdo cual era con exactitud, el caso es que alguien me interrumpió para decir: "tío, eres un pesimista". Lo que no sabe, increíblemente, es que eso no es cierto.
Realmente soy una persona realista y como realista soy optimista pues no desprecio mi clara suerte dentro de lo que cabe, pero dentro de ello no ignoro mis infortunios. Solo que acabo dándole más importancia a esa suerte que me ilumina siendo incluso a veces más optimista que realista.
Eso sí, a veces despierta en mi un lado negativo ya que también me doy cuenta por lo que veo y vivo de las injusticias de este mundo, no por ello soy pesimista sino en este caso me llamo realista.
Mi lado pesimista nace trastocando mis "chachis" polos emocionales cuando aprendo alguna injusta realidad, sea conmigo o con el del frente. Sobre todo con el último, puesto que como he dicho antes suelo acabar riéndome de todo lo que me ocurra pues por el momento tengo claro la suerte que poseo.
Siendo realista soy optimista pero eso no suprime la posibilidad de que la realidad la mayoría de veces sea negativa y de ahí que se tinte un carácter de pesimismo. Parece que uno ya no puede analizar y contrastar una situación si el resultado es negativo cuando solamente se define lo que es y lo que es en su mayoría es negativo.
Soy un lienzo de realidad con pintura optimista y sombras pesimistas, la suma del todo que me define como real y dándome cuenta de que la realidad hoy en día está difícil de tragar y asimilar, pues no queremos aceptar lo malo que nos rodea ya que es mejor vivir ignorándolo. Pero de esta forma nunca seremos reales al completo.
martes, 31 de mayo de 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
Refléjate y será cierto
Creemos haber cocinado esta tarde como egregios profesionales luciéndonos chefs y la clientela hace tiempo que no vuelve por nuestros idílicos manjares.
Nos sacamos de la realidad olvidando de forma altiva nuestra naturaleza caduca como si siquiera pudiésemos controlar toda consecuencia de nuestros actos. Siquiera controlarnos.
A veces decimos comprender al completo e, increíblemente, podemos seguir caminando con toda normalidad. Como si además de creer con plena confianza que eso pudiera ser cierto, creamos una motivación y hasta andamos desmesuradamente orgullosos de una ilusión, de esa.
Ay... cuando se comenzará a ver que no sólo nadie se asusta, si no que este aire está tintado de miedos.
Nos sacamos de la realidad olvidando de forma altiva nuestra naturaleza caduca como si siquiera pudiésemos controlar toda consecuencia de nuestros actos. Siquiera controlarnos.
A veces decimos comprender al completo e, increíblemente, podemos seguir caminando con toda normalidad. Como si además de creer con plena confianza que eso pudiera ser cierto, creamos una motivación y hasta andamos desmesuradamente orgullosos de una ilusión, de esa.
Ay... cuando se comenzará a ver que no sólo nadie se asusta, si no que este aire está tintado de miedos.
domingo, 8 de mayo de 2016
Samsara
Hoy seguro, mañana no lo sé.
Conozco doctrinas allá por donde voy y las transformo en palabras que a su vez forman pensamientos.
Al tiempo me doy cuenta de que cogí siempre lo que entró por mis ojos, mis sentidos, ignorando impotente lo que estos no pueden alcanzar.
No sé, allá donde voy y al completo, lo que otros ojos de mi alrededor pueden ver, ya que cuando consigo interpretarlo me doy cuenta de la falsedad intrínseca en mi interpretación pues ignoro de nuevo, igualmente impotente e inacabado, que todo es producto de mi yo. Mi yo que a su vez se completa de cada doctrina, por aquí y por allá, formando la unidad de mi todo.
La esencia que ignorada dormita sólo en apariencia del ser, pues mi ser está para otros ojos siempre incompleto ya que puedo asegurar, por haberme asegurado yo antes de lo mismo, que más allá de cualquier vista e interpretación siempre habrá más pasos, desconocidos, formando esa unidad en cada ser.
Somos mucho y a veces poco. Lo que hago, lo que veo y creo. Lo que hablo y lo que callo. Somos pecado y somos virtud, lo que destruyo y lo que tallo. Soy valiente por saber y sé que tengo miedo.
Sabiendo tantas cosas a la par que no me presto a otras tantas, quedo por saber que soy unidad en la que se reflejan muchas más. La unidad de un ser a consecuencia de todas las unidades que atisbo.
Conozco doctrinas allá por donde voy y las transformo en palabras que a su vez forman pensamientos.
Al tiempo me doy cuenta de que cogí siempre lo que entró por mis ojos, mis sentidos, ignorando impotente lo que estos no pueden alcanzar.
No sé, allá donde voy y al completo, lo que otros ojos de mi alrededor pueden ver, ya que cuando consigo interpretarlo me doy cuenta de la falsedad intrínseca en mi interpretación pues ignoro de nuevo, igualmente impotente e inacabado, que todo es producto de mi yo. Mi yo que a su vez se completa de cada doctrina, por aquí y por allá, formando la unidad de mi todo.
La esencia que ignorada dormita sólo en apariencia del ser, pues mi ser está para otros ojos siempre incompleto ya que puedo asegurar, por haberme asegurado yo antes de lo mismo, que más allá de cualquier vista e interpretación siempre habrá más pasos, desconocidos, formando esa unidad en cada ser.
Somos mucho y a veces poco. Lo que hago, lo que veo y creo. Lo que hablo y lo que callo. Somos pecado y somos virtud, lo que destruyo y lo que tallo. Soy valiente por saber y sé que tengo miedo.
Sabiendo tantas cosas a la par que no me presto a otras tantas, quedo por saber que soy unidad en la que se reflejan muchas más. La unidad de un ser a consecuencia de todas las unidades que atisbo.
El conocimiento, la sabiduría al conversarla,
queda al sentido vacuo de las palabras rebajado
y al oído del otro como locura acaba sonando.
Por ello no tengo doctrina más que la unidad de todas ellas