miércoles, 26 de octubre de 2016

Establecido pero sin coordenadas.



Era raro. Se veía plena la atención a mis palabras en sus ojos convertida en aparente fascinación, pero era raro. Con el tiempo me di cuenta de que no es que le interesara más de la cuenta, descubrí que a pesar de estar los dos en la misma habitación en un mismo plano, él no hacía más que esforzarse por mantenerse en este espacio y no volver a su  enturbiado mundo.
Por lo que esa mirada que tantas veces me conformó en un estado de inseguridad no debió llevarme hasta este sentimiento. Para ser justos debí aprovechar esa atención e implicarle algo más en la cuestión. Debí estar disfrutando de la atención de alguien tan especial, que con sus comentarios me hizo creer que se burlaba de mí hasta que pude notar al fin la belleza que desprende en su modo de expresarse. Pues no era así. Él, aún pareciéndole absurdo algunas formas y modos de mi y de mi mundo, le tenía respeto a todo lo que no compartía pues era consciente de esto y todo lo demás. Bien convencido estaba de su aislamiento. Lo dejé de ver simplemente raro para amar su extravagancia. Cuando me cruzaba con él, dejé de mantenernos en diferentes perspectivas y así pude compartir mi prisma con el suyo. Valorando su posición y comprendiendo que quien no respetaba al otro posiblemente fui yo, y no el hombre raro que con sarcasmo me enseñaba como se podía salir uno de su "confort" y comenzar a tratar más allá con gente de lugares desconocidos para todos menos para uno mismo.
Era inquietante hasta que también me di cuenta de que era maravilloso. Él teniendo aprendido su sarcasmo podía llegar a apasionarse ante cualquier ordinario acto de esta vida ordinaria. De lo insulso cotidiano él desarrollaba un predeterminado proceso que llevaba a cometer ese hecho que sin más no saldría de lo común, de lo vulgar. Al principio me parecía un esperpento irrisorio y excesivo, un sentimiento fingido. Pero una vez más me percaté que desde su deshabitado fuero, desde su forma de ser misterioso e insólito, admiraba nuestras formas que suyas no eran. Nuestro mundo, que también podía amar con la nostalgia que se ama a lo inalcanzable. Como se ama el hogar y la armonía, donde él no podía jamás presentarse pues no había camino para él.
Diría que ahora que se ha ido y me doy cuenta de todo esto, me da rabia por él el no haberle podido dar mi verdadera opinión. Creo que él debería haber dejado de esforzarse y haber seguido acrecentando ese sarcasmo que tanto hizo que le odiasen aquellos que no se pararon a comprender. Aunque mientras digo esto, seguro estoy de que él me habría desbaratado tal desfachatez con cualquier idea fundamentada ya de hace tiempo, pues si me refiero a pensar nada podía infundirle yo en este ámbito. Me habría dicho algo como "no hago esfuerzos por pertenecer a esta vulgar e insustancial vida, pero sí por aquellos que la viven" ... ya hablo como él.


martes, 25 de octubre de 2016

H.Hesse ""

La mayor parte de los hombres no quieren antes de saber...
¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tierra no para el agua. Y naturalmente, no quieren pensar: como que han sido creados para la vida. ¡No para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ese podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ese precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.