domingo, 14 de mayo de 2017

Qué poco sé...

Pero sé lo que por ser es real.
Sé, por ejemplo, que ella está aquí. En el vértice de mi delirio. En el vórtice de mi arremolinada ánima que últimamente sólo ella anima, barriendo toda animadversión contra mi mismo.
El eclipse de luz entre mi cama y la elipse de sus ojos como ventanas.
Arropada y siempre desnuda, callada pero nunca muda.
Pues su cuerpo no calla ni cuando lee concentrada,
tumbada y tranquila, pero qué le hago... todo el rato me llama.
Acabo por unir los cabos de mi desatada cordura,
arrastro sentires siguiendo el rastro de sus estrechuras
y enloquezco como antaño... y recuerdo los pasados años,
sin dejarle de mirar, pues del tiempo con ella, soy tacaño.
En esas veces en las que me entrego a ella por entero,
estamos ambos latiendo al ritmo de nuestro improvisado tempo,
y los demás fuera viviendo el tormento
de no tener esta suerte que yo tengo,
de disfrutar con ella este envidiable y húmedo momento.

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