sábado, 10 de junio de 2017

Fricción superando realidades.

La confortabilidad del momento abría los cielos despejando las nubes del día anterior.
Lo que por seguro habría tenido como misterio se esclarecía a su punto mas novedoso como antaño pasó. Nada suponían ya los atractivos labios de la soledad, pues sus besos no fueron tan embaucadores como para parar la compañía y su impetuosidad, arremetiendo con su segura y pícara sonrisa desmonta planes. Pero al momento sin mediar negociación con la memoria, rocas resbalando y cayendo de una era escondida y supletoria balanceando suponeres que se desargumentaban rápidamente quedándose en sólo premisas de un anhelo utópico y latente.
Relente. Humedeciendo en forma de recuerdo incorruptible del escueto pero mágico instante que el filtro revertía la existencia dotándola de cromática y viva realidad, plasmándola en un recoveco para si mismo, cuando me hallé buscándola en los ecos del más lejano abismo esperando volver a verse hacer y espetando versos todas las noches desde el amanecer a ver si a lo largo de la jornada le volvía a ver.

Tanto en tan corto instante
que si se desprendió tan simple,
debería asegurarme de nuevo más adelante.
Ratos como tantos inolvidables,
que educó la soledad tangible,
marcándome con su condenado carácter perpetuante.

En una nueva contienda y sin balas
lánzome con el pecho descubierto
luchando por calmar mi sed con su piel de agua.
En otra prueba entre la calma y el drama,
idealizándote como espejismos en desierto,
y atrayendo al errante para calmar sus llamas.

Aquí yo sin consecuencia ni causa.
Aquí cayendo de nuevo en cuentas infladas,
como caigo en darme cuenta en que quiero esperar,
que una vez más, se acueste en mi cama.







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