... calor en la piel y para ganar no dejar de rabiar.
Como un demonio de hielo se asomaba diciembre, lento, por el quicio de la puerta.
Yo, coreando angelado en armonía con mi desquicio, desnudo le esperaba tentándole para ver quién era más frío. Este invierno me ha pillado con plumas de búho y telas de marruecos y por primera vez ha perdido sentido el juego... y puede que yo pierda también.
Libros profundos, miradas de bolsillo,
gritos rotundos de habernos vencido
y para terminar... caricias que derriten las lágrimas de gotelé en las paredes de "mi sino".
Esta vez, por ahora, él esta más frío,
no ha calado aún en mis huesos cálidos y voy perdiendo.
Y cuando por fin me va ganando el invierno
en este vano y helado insano desierto,
noto el verdadero incendio de mi fuero.
Paro a olvidarme de que adentro
encierro rabia y aún más calor y fuego.
Paras a recordarme que no has acabado invierno
y que si no extingo el dolor de mi pecho
volveré a sentir el frío externo,
y finalmente ganarte,
quedando como solitario eterno
y dueño del premio al más agonioso juego.
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