En tus vitrinas sólo hay polvo de las veces que quedaste arrastrado por el suelo y el reflejo grabado de una sonrisa de cómplice felicidad a consecuencia de que esta vez yo tampoco vencí.
No cuento tus tardes gloriosas ni tus desganadas y melancólicas noches, ni las contaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario