Qué más da, no das más que pensar,
espectándote irreconocible hasta tu manera de andar.
No sé que nos pasaba
pero si pasó que como nuestro amor
tu esencia quedó plastificada.
Sólo quedó vivo de tus ojos su color a mar,
azul de lejos como los azulejos monocromos de mi primer hogar.
Envueltos en un billete sin vuelta hacia la nostalgia,
devuelvo los besos que me revolvían pues no me hacen más falta
y es que ni me sobras ni me faltas, ni confortas ni hartas.
Por ti aprende de una vez que el amor no es un plato accesible en una carta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario