Encuentra tu musa y dibújala escribiendo.
Escribir no es difícil. Lo difícil es sentirlo de verdad. Es complicado intentar ahitar tus sentimientos a base de coraje pues los valientes son los que se queman una y otra vez aún teniendo miedo al fuego.
Pero ahí está la esencia del escritor pues una vez quemado por su bravo amor hacia una musa, no perece. Puede que todo sean cenizas y parezca estar inerte de afecto, pero esas cenizas arderán con solo una chispa, con la adecuada. Esa chispa no tiene que producirla el valiente literato.
Siendo de las cosas más persuasivas que tiene, su piel me reclama avivando esa porción de mi ánima que yo ya creía muerta. Pues me doy cuenta de que no debo parar en este instante en el que beso sus ilícitos labios hasta estar tras las rejas. ¿Es contraindicado?, de serlo así es porque alguien lo ha ratificado. Alguien sin derecho a sentenciar lo que siento.
Esa pequeña llama hace nacer la pasión en su cometido. Ese fuego vivo determina quién o qué es la musa del creador de estas palabras que yo llamo vida. Pues puedo estar muerto en cuerpo pero ella mantiene cálida mi alma entre todas las pavesas de mis páginas.
Ella me inspira en mi expiración. Ella es mi musa, mi sugestión.
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