domingo, 15 de septiembre de 2013

Tampoco es para ponerse psicópata.

¿Cuántas balas me quedan en el cilindro?. No lo sé, pero ¿tú acaso lo sabes?. No has contado las veces que ha salido disparada una bala por el cañón, ni has presenciado todas las veces que he retrocedido el martillo con mi dedo, tampoco has sentido un enorme más que cosquilleo por tu piel las mismas veces que he accionado el disparador.
Lo único que sabes es que empuño el revolver a centímetros prudentes de tu frente y tu mente intenta hacerte creer que en realidad no quedan balas para disparar.
En el fondo, el sudor que se deja caer por tus sienes llegando a la barbilla y desprendiéndose de tu cuerpo hasta caer en el suelo, es la muestra de que mi esperanza por poder volarte algún que otro lóbulo, no perece. Ese sudor que huye inteligente sabiendo que corres un peligro que por momentos ni tú, acepto que ni yo, lo sabemos a la perfección.
Así que, ¿qué mejor momento para hacer un trato?. Hay probabilidades de que tu vida esté empuñada por otro, por lo que cualquier trato es una oferta generosa después de todo.
Debo decir que si yo estuviese en tu lugar no sudaría. Simplemente me relamería los labios por saber que se siente al tenerme acorralado. Debo añadir que mi objetivo no es disparar y seguramente no lo haga mas las ganas no me faltan.

Al fin y al cabo... tampoco es para ponerse psicópata. ¿No?

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