Te aseguro bajo este sol que no es mi tiempo para quitarme las gafas.
Quizás bajo el manto estelar en un pasado cada vez más difuso.
Quizás pueda secar mis ojos al sol en un futuro... lo que sé con seguridad es que hoy por hoy, sin ser ya 11 de marzo, mis lágrimas sólo escapan para limpiarme.
Contraproducentes son mis pasos arrastrándome de aquí a allá como si estuviese obligado sólo porque alguna vez hace tiempo lo quise así. Pero ya no. Ya no quiero quitarme esas gafas porque ni yo mismo sé que puede haber detrás.
Es mala suerte... un mal instante, mas si fuera otro momento diferente, podría quitármelo todo y mirar paciente. ¿Quieres saber algo?, antes me arriesgaba por entrar y establecerme en ese palacio idealizado dejando mi ánima a merced de una fuerza, que siendo ficticia, me hizo ganar una carrera al caballo favorito; que me elevó una y otra vez sobre aquella colina que sólo un tonto podría echar de menos; y que también me hizo enloquecer hasta el punto de llevar a cabo, con un único fin, cualquier hecho impropio de mi marcándome así para largo y extenso.
Una noche me vestí de gala y embriagado de adrenalina y otras cosas, me colé entre las sombras de ese palacio tan lustroso. Sobre sus paredes de gotelé irrumpí en su historia marcándole yo también con palabras jocosas y sinceras no dejando de ser ilusorias. Tan fantasiosas cada una como las paredes que las sostenía. No sé... puede que por allí quiera otear algún día, mas aún no tengo razón alguna por la que arriesgarme yo y no otros en mi lugar.
Pero esto de lo que hablo que algunos llaman amor, incumplió su promesa y a pesar de que yo dejé la puerta abierta, nunca más decidió pasar y cerrarla a sus espaldas.
Esas tardes fueron las mejores dije. Las mejores para alguien que no sólo era adicto al café, si no que disfrutaba su aroma y conocía la razón de cada sorbo. En su mirada veía pleno su ser y en su reflejo a un estúpido absorto.
Ahora hago oídos sordos y sonriendo me hago el loco.
Prefiero no creer en las palabras de ese veneno manipulador, dejando esperanzas en blanco a ese antiguo soñador ya despierto con los ojos bien cubiertos, bajo ese maldito sol...
en un maravilloso 11 de marzo.