Lo hicieron tan claro en tan oscuro cuarto que los pensamos capaces de iluminar todo el rato,
curveando, adaptándose a los obstáculos y obstaculizados por adeptos a lo estándar... pero también erramos, pues también sangran aquellos que veneramos.
Le imploraron a gritos que se comprendiese a sí mismo pero distinto y enprismado se halló. Incapacitado para ver lo que decían pero atendiéndolo lo justo para mantener su fuero con vida. Lo suficiente como para salir fuera y levantarse como uno más, como dijo que nunca lo haría.
Se cierra un acto y se improvisa el siguiente. Aún no hicieron su trabajo los tramoyas pero la farándula se impone sobreviniéndose y ya le alumbra otra vez el foco. Luz que le parece tan grande por lo atractiva que es como por las expectativas que genera y que no siempre se superan. Aunque ella sí, pues os prometo que ella levitaba mientras meditaba impaciente sobre qué marcarían los dados en la siguiente tirada con gesto siempre despreocupado. Qué dos puntos diferentes de enfocar esa situación, de situarse allí... abiertos al peligro de caer en la demencia como esos mencionados adeptos cayeron en la dependencia. Y eso a él, el pecho le incendiaba.
Madurado por vanas esperanzas de los suspiros que alentaba por si prendiese unas de esas pavesas, de esas que confiaba pudiesen prender las cenizas y revivir un fuego ya extinto. Distinto pues no sabía reconocer lo estable pues tiempo extenso se adecuó al azar y eso le impediría ser él mismo.
Yo sé que era maravilloso verle adaptarse,
pero era real verle no hacerlo
para que así su esencia de brillar no dejase
y eso era lo verdaderamente importante... al menos para él.