Conozco doctrinas allá por donde voy y las transformo en palabras que a su vez forman pensamientos.
Al tiempo me doy cuenta de que cogí siempre lo que entró por mis ojos, mis sentidos, ignorando impotente lo que estos no pueden alcanzar.
No sé, allá donde voy y al completo, lo que otros ojos de mi alrededor pueden ver, ya que cuando consigo interpretarlo me doy cuenta de la falsedad intrínseca en mi interpretación pues ignoro de nuevo, igualmente impotente e inacabado, que todo es producto de mi yo. Mi yo que a su vez se completa de cada doctrina, por aquí y por allá, formando la unidad de mi todo.
La esencia que ignorada dormita sólo en apariencia del ser, pues mi ser está para otros ojos siempre incompleto ya que puedo asegurar, por haberme asegurado yo antes de lo mismo, que más allá de cualquier vista e interpretación siempre habrá más pasos, desconocidos, formando esa unidad en cada ser.
Somos mucho y a veces poco. Lo que hago, lo que veo y creo. Lo que hablo y lo que callo. Somos pecado y somos virtud, lo que destruyo y lo que tallo. Soy valiente por saber y sé que tengo miedo.
Sabiendo tantas cosas a la par que no me presto a otras tantas, quedo por saber que soy unidad en la que se reflejan muchas más. La unidad de un ser a consecuencia de todas las unidades que atisbo.
El conocimiento, la sabiduría al conversarla,
queda al sentido vacuo de las palabras rebajado
y al oído del otro como locura acaba sonando.
Por ello no tengo doctrina más que la unidad de todas ellas
BOOM!
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