domingo, 6 de octubre de 2013

¿Sabes que ayer viajé a diferentes mundos y sin estar allí nadie estábamos los dos?.

Vi como las nubes, en continuo movimiento y a velocidades ilógicas, se extendían más allá de lo que realmente percibía. Notaba tus dedos vibrando por todo mi cuerpo. Denoté desde otro punto de vista como te movías detrás de un árbol para desaparecer entre el bosque. Luego subí una colina y descubrí un color que nunca antes, tal como yo lo veía, lo podía haber llegado a visualizar nadie. Era tan cálido y llamativo...

Tú estabas allí, en ese cielo que no era el techo de siempre. Seguíamos aportando todos los presentes un poco de letra a la canción más original jamás creada y caí en la cuenta de que pudimos hacerlo mejor, pude. Pero no es momento para cantar canciones antiguas ni bailar una danza ya impregnada en el acerbo pasado.

A veces me sentía demasiado irascible con todo lo que me rodeaba y pensé que al reanimar mi ser y salir de lo que verdaderamente está dentro de él, me hundiría en el deploro más grande jamás probado por haber oído la voz de la esencia que nos rodeaba a muchos en ese instante. Somos tan ignorantes que me da pena vivir sabiéndolo.

Hubo un momento en el cual yo no era dueño de mi cuerpo siendo únicamente la representación viva y definida de mi ánima. Mi sistema nervioso parasimpático, como el simpático, se hallaban sobre-estimulados. Entonces, tumbado y mirando como si fuera una noche normal las estrellas, te presentaste ante mis dilatados ojos haciéndome sentir un estremecedor frío acompañado de un silencio donde ni el viento interactuaba de alguna forma con mis órganos sensoriales. Pues de repente dejé de sentir. Así, tan simple a la par que complejo, para centrarme en tus movimientos por aquel cielo que no estaba ... pero existía.

Dejé de encontrarte, de notar que estabas allí y entonces te marchaste para siempre. Destapando un hueco en la cama de un sentimiento inacabado y desabrido. Sin una respuesta ni solución para estas lágrimas invisibles entre tanto ignorante, que como yo, condescendemos agachando la cabeza y negando nuestra inteligencia.

Pero... ¿quién eres tú que me miras desde lo abstracto haciéndome ver la realidad en lo más profundo de nosotros?

Sentimos tanto... pero me quedo con la paz y la armonía entre los árboles. Lo demás lo dejaré cocer en el recuerdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario