Qué fatiga cuando cae después de comer pero qué bien arrastra anhelos por la garganta hacia dentro.
Y yo no noto nada con el paso del tiempo. Sólo inflo una cuenta pendiente conmigo mismo.
Pero en el futuro ya veremos como ajusto, como pagaremos pecadores por sus plastificados y antinaturales pulmones que exhalan pureza en una funesta vida de deshonestas complicaciones.
Pendientes están esos pendencieros de si pendo por última vez o si vuelvo a hilar con el siguiente segundo, continuo, pero paralelo.
Si vuelvo a brillar por tanto tiempo que no me pille de sorpresa, pues conozco que esta fase es sólo una anécdota cuyo recuerdo caerá con el paso de muchas más.
Estas teclas que pulso, presionadas quedan valiéndose alegoría de un brindis con la luna en un tiempo pasado. El pulso que rebota en mis muñecas basta para replicar en la superficie un gol anotado entre tanto óbice de aquel lejano conocido.
Y es que entre tanta reiteración de diferentes intentos de catarsis, el resultado es relativo; pues con sólo la intención de lubricar la suciedad arraigada del prisma de cada uno ya estamos ensuciando lo que por, sociedad o saciedad, ha sucedido.
Ayer diluvió y aunque a muchos de nosotros nos apeteció el sol nadie pudo hacer nada para que saliese... pero si pudimos dejarnos humedecer notando como la contaminación, que aún estando tanto tiempo, de repente puede desaparecer.
Maravilloso
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